Del acoso y otros demonios

Recuerdo mi primer beso. Fue perfecto. Estaba de vacaciones en el pueblo de mi mamá. Fui a la plaza armada con mi walkman y un cassette de los Back Street Boys, huyendo de toda la bulla de la casa familiar que, como siempre, estaba repleta. Me senté a escuchar, y lo vi pasar en su bici montañera. Era el chico que me gustaba, todo churro. Ya nos habían presentado unas semanas antes y siempre nos veíamos, claro, con toda la mancha de amigos alrededor.

Se acercó, me miró, apagué el walkman, conversamos. Le dije que ya era tarde y que me iba a mi casa. Me acompañó. Caminamos juntos, lo único que nos separaba era la bici, llegamos a la esquina. Momento de decir adiós. Se acercó, me acerqué, la bici en medio de los dos, nos dimos un beso. Llegué a mi casa feliz, seguramente él también.

Así, también recuerdo la primera vez que me metieron la mano. Fue mucho antes de mi primer beso. Solo tenía 11 años, y también pasó en unas vacaciones en Arequipa. Estaba caminando con mi prima, y se acercaba a nosotras un chico en bicicleta, como era febrero, pensé que nos iba a meter un globazo, y de pronto vi su mano, sin globo claro, acercarse a mí, mientras seguía pedaleando, y me tocó un seno.

Me dolió. No sólo porque el desgraciado + la velocidad + la aceleración chocaron contra mi pecho con fuerza, sino porque me sentí mal, quería llorar, no lo hice, me aguanté. Tampoco dije nada.

La de siempre. Cero respeto.

La de siempre. Cero respeto.

Ya perdí la cuenta de cuántas veces me han metido la mano en la calle, se han sobajeado contra mí en el bus o me han dicho alguna grosería o lanzado algún silbido, tampoco faltan los “buenos días señorita” con una voz mañosa, o esos patas que se me han acercado tanto a la cara, como si el espacio personal no existiera.

Claro, ahora no me callo, estoy molesta, me llega, grito, les digo “violador” o que por qué mejor no se van a decirle a su vieja que tiene “rica la vagina”. Se molestan, me dicen loca. Loca, ¿loca?, ¡loca! o sea, tú me agredes, te contesto y soy la loca. Nadie hace nada, la gente mira, y a veces siento que hasta me miran mal a mí y no al agresor de turno.

María Francisca Valenzuela, Paula Bell, Patricia Iglesias y Tamara González, fundadoras del Observatorio Contra el Acoso Callejero en Chile.

María Francisca Valenzuela, Paula Bell, Patricia Iglesias y Tamara González, fundadoras del Observatorio Contra el Acoso Callejero en Chile.

Esto nos ha pasado a todas, sin importar qué vistamos o cómo nos veamos. Ayer le pasó a Magaly Solier en el Metropolitano, y me indigné, porque nadie merece pasar por una experiencia tan asquerosa. He leído comentarios en los que le echan la culpa a ella, que para qué se sube al Metropolitano. O sea, o seeeeea, ¿para que no me violen mejor no me subo al Metropolitano? ni al bus, ni al taxi, mejor me quedo en mi casa y veo novelas de Thalía, ¿no?, ahí estaré bien segura.

La vicepresidenta Marisol Espinoza también se solidariza con Magaly Solier y nos da jalón de orejas. Foto: Trome.

La vicepresidenta Marisol Espinoza también se solidariza con Magaly Solier y nos da jalón de orejas. Foto: Trome.

Es indignante que en esta ciudad, que en este país, las mujeres salgamos a la calle con miedo. Tú, amigo que estás leyendo esto, pregúntale a la chica que está a tu lado cuál es su mayor temor cuando toma un taxi sola. ¿Que le roben? ¡No!, estoy 100% segura de que su respuesta será que la violen. Cuando subimos a un taxi solas ya no sabemos a quién más rezarle, así sea taxi seguro, dudo que estemos tranquilas.

¿Y estamos locas por pensar eso? Qué exagerada, dirás, ¡Já!, ¿exagerada? Bueno, ya que en el fútbol no ganamos nada hay algo en lo que sí: somos el país más violador de Sudamérica (si no me crees, lee este informe de Infos sobre las violaciones en el Perú que tiene datos muy buenos sacados del libro de Jaris Mujica: Violaciones sexuales en el Perú 2000-2009. Un informe sobre el estado de la situación).

 

Nuestro país tiene la más alta tasa de denuncias por violación sexual de la región sudamericana: 22.4 por cada 100 mil habitantes. De hecho, a nivel mundial, según la investigación de Mujica, nos encontramos en un deshonroso puesto 16.

En 10 años de democracia, más de 68,000 personas fueron víctimas de violación. El 93% fueron mujeres. Infografía: Luis Amez

En 10 años de democracia, más de 68,000 personas fueron víctimas de violación sexual. El 93% fueron mujeres. Infografía: Luis Amez

 

Si bien es cierto, la mayoría de casos de violación ocurren dentro del ámbito familiar (solo en el 25% el acto es perpetrado por un desconocido), pero me pregunto, esos tipejos que acosan en la calle, ¿a cuántos minutos, horas, días o semanas está de violar a una chica?, ¿ya lo habrán hecho antes?, ¿qué ganan con sobajearse contra una?

No podemos quedarnos de brazos cruzados ante una situación así, no creas que solo a mí, que tengo 27 años me pasan estas cosas, ya te conté que la primera vez que me pasó tenía 11 años, y así también le pasa a muchas chicas que están en uniforme escolar y que no saben cómo reaccionar, a veces ni yo sé cómo reaccionar, y le pasa a muchas mujeres de mi edad y mayores. Imagínate el miedo, el asco, las ganas de llorar, de no saber qué hacer. Ponte en nuestros zapatos, ¿no puedes? Acá un ejercicio:

Si eres testigo/a de una situación de acoso, reacciona y ayuda, con voltear la cara y actuar con indiferencia no vas a lograr nada, solo estarás contribuyendo a que esta sea una ciudad peor para nosotras.. Estoy segura de que tienes una madre, una hermana, una prima, una novia, una esposa, una hija y que no quisieras que ellas pasaran por algo así.

Sobre lo sucedido con Magaly Solier en el Metro, me quedo con esta reflexión de Cynthia Yamamoto en el Utero.pe:

Algo que aprendí de este lamentable incidente es que tenemos que pensar cómo nos sentimos las mujeres en el transporte público, en los paraderos, en las calles, en la ciudad. Es bueno que las mujeres -así como Magaly- denunciemos el acoso sexual callejero, porque nos permitirá ser peatonas más libres, más felices, más tranquilas. La actriz ganadora del Oso de Oro de Berlín ha dando una muestra de empatía y solidaridad nos dice: “si me pasa a mí, le puede pasara a cualquier persona”.

1 Response to “Del acoso y otros demonios”


  1. 1 Ana María Emilia June 1, 2014 at 4:46 pm

    Gracias Karlita, muy bien lo has expuesto y el gráfico de estadística lo confirma. Es necesario solidarizarnos, apoyar y actuar en el momento preciso. Estoy contigo y con esta protesta de nosotras las mujeres <3


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